Juan Alberto empezó a darse cuenta de que algo no estaba funcionando bien cuando ese lunes no fue invitado a la reunión de Grupo primario que tradicionalmente se celebraba al inicio de cada semana en la Sala de Juntas de la empresa. Juan era el Director de Comunicación Interna de una empresa del sector alimentos que había sido adquirida recientemente por un competidor. Los grupos primarios habían sido establecidos desde hace unos cuatro años como uno de los más importantes escenarios de comunicación interna en la empresa. Él participaba de uno de ellos, tal vez el más estratégico de la organización, aquél que reunía a los subgerentes y jefes de área. En total asistían 12 personas, incluyéndolo a él.















