Cuando se aplica una encuesta a una muestra representativa de un grupo de interés, fácilmente se puede caer en la tentación de generar procedimientos o preguntas que generen errores o distorsiones en los datos finales. He aquí un ejemplo.
Supóngase que tiene una muestra de 100 empleados. Usted quiere evaluar la calidad de la revista interna. Sin embargo, usted elige que la revista solo será calificada por quienes conocen la publicación, olvidando que uno de sus retos es asegurar que el 100% de los colaboradores al menos sepan de la existencia de ese medio.
Supóngase entonces que solo 50 personas la conocen y usted la evalúa solo entre ellos: todas estas personas hacen una altísima valoración de su calidad. Al final usted tiene un índice de calidad de 100%. ¿Dónde está el error? Si la hubiese analizado entre la totalidad de la población (que finalmente es su meta) ese índice sería de apenas 50%. Este último es el dato real y el que refleja realmente la calidad de su trabajo.








