Una serie de diálogos informales con varios proveedores de servicios en Colombia permitió a T&E identificar cuáles eran algunas de las principales barreras de varias organizaciones colombianas para mantener una comunicación fluida y transparente con ese grupo de interés.
Lo primero que muchos de ellos plantearon es que la palabra TRANSPARENCIA hoy era exhibida con orgullo por muchas de esas compañías. Lo que sin embargo se veía en la mayoría de procesos es que durante la fase de invitación a cotizar dicha transparencia no existía. Tres razones fueron mencionadas como las más frecuentes:
1. En primera instancia, “se tiende a guardar un extraño secreto sobre cuáles son las otras empresas con las que se está compitiendo” manifestó uno de ellos para resaltar que no siempre se manifiesta de forma clara este punto. Cabe resaltar que incluso las grandes contrataciones estatales hoy son bastante estrictas en este punto (comunicar cuáles fueron los oferentes) pero no es una práctica en muchas empresas privadas, como tampoco en contrataciones de menor cuantía.
2. Esa menor transparencia se veía luego evidenciada en la sensación de que no siempre las reglas de juego estaban claras: “en ocasiones hay invitaciones que se hacen donde no se comunica desde el principio cuáles son las condiciones de adjudicación. No se sabe si es por precio o por metodología, ni cuáles son los criterios de calificación final”.
3. La transparencia también se puso en duda cuando se adjudica el proceso. No es una constante el que las empresas comuniquen de manera abierta a todos los invitados, quién ganó y por qué: “por un lado a veces ni siquiera se toman el trabajo de contar quién ganó. Pueden pasar semanas y no te avisan”. Pero además, en criterio de algunos “pocas veces dan razones. No te cuentan por qué una propuesta fue mejor que otra o en qué fallaron los demás”.
Al final, tanto frente a las empresas gubernamentales como ante las privadas, queda la sensación de que “a veces se hacen invitaciones a cotizar pero queda la idea de que es más para cumplir el famoso requisito de las tres propuestas… Queda el sinsabor de que competencia no habrá”.
Se trata de un fenómeno que puede ser fácilmente corregido: reglas de juego claras y condiciones bien definidas.








