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- Los culpables son otros: “He luchado por estos cambios antes y, como todos saben, mis esfuerzos han sido bloqueados”. Esa frase la pronunció Joseph Blatter el día en que renunció. Por primera vez (y nunca públicamente antes) dijo que siempre había promovido y buscado reformas profundas a la entidad a su cargo, pero que ellas habían sido bloqueadas. Los comentarios en redes sociales fueron casi unánimes cuestionando el cinismo del directivo. ¿Quiénes bloquearon esos intentos de reforma? Nunca lo dijo en su discurso. ¿Muchos de los que hoy están presos o buscados por la justicia? Se desconoce. Lo que buscaba dejar en claro es que él era el gran reformador de la entidad, buscando sanear su comportamiento nada ético. Al margen de las pruebas, sondeos realizados en países como Alemania y Suiza dan cuenta de que muy pocos creen que Blatter no hubiera tenido nada que ver con la corrupción en la entidad.
- Ahora sí habrá cambios: Es paradójico que en el momento en que menos poder y legitimidad tiene el Presidente de la entidad, ahora esté convencido de que sí podrá reformar la entidad. “Esta vez sí voy a tener éxito” dijo para explicar que ahora sí podrá enfocarse en “impulsar reformas fundamentales de largo alcance que trasciendan nuestros esfuerzos anteriores. Durante años, hemos trabajado duro para llevar a cabo reformas administrativas, pero está claro para mí que, si bien éstas deben continuar, no son suficientes”. Ese discurso hubiera tenido mucha validez en manos de un nuevo Presidente. Pero dicho por quien – a juicio de muchos- simboliza todo lo que dice que va a enfrentar, no resulta muy creíble. Si el reto es recuperar la reputación de la FIFA, el camino escogido no parece el mejor. Dicho en términos coloquiales: no puede entregarse al ratón la responsabilidad de cuidar el queso.
- Ruedas de prensa que no permiten participación de los periodistas: En ninguno de los momentos cruciales de la crisis, desde cuando en Estados Unidos se anunció públicamente la investigación contra directivos de la FIFA, hubo interés de la entidad en explicar o aclarar ante los periodistas lo sucedido. Dos cosas pueden interpretarse de ello: (1) no sabían de la investigación ni de los casos de corrupción, lo cual es muy poco probable, ó (2) no querían controvertir con los periodistas ante la multitud de interrogantes que surgieron con el escándalo. El hecho es que en ninguna de las ruedas de prensa que lideró Blatter los periodistas tuvieron la oportunidad de contra interrogar. Se limitaron a escuchar su discurso.
- Enfrentarse a los periodistas: El primer cuestionamiento lo planteó Blatter en una de sus ruedas de prensa cuestionando a los periodistas porque ya estaban alojados en un hotel de Zurich en Suiza donde se realizaron las primeras detenciones: “Curiosamente en ese momento tres periodistas estadounidenses ya se encontraban en el lugar”. Pero el colmo llegó cuando un Vicepresidente de FIFA amenazó a un periodista de la televisión alemana que indagaba si Blatter debería o no dimitir: “Cuál es tu nombre” le indagó el funcionario al reportero, que muy diligente se identificó. “Contestaré esa pregunta cuando vea a ese chico (al periodista) en el juzgado” puntualizó el Vicepresidente antes de marcharse en su vehículo. Otro complemento: Andrew Jennings, periodista británico que durante muchos años ha investigado la corrupción en la FIFA y antes había destapado la del Comité Olímpico Internacional, terminó siendo vetado por la entidad, que siempre le negó la entrada a sus ruedas de prensa.
- No entregar información: A todo lo anterior se suma el que en ningún momento, al margen de las breves declaraciones en ruedas de prensa que no tenían la intención de explicar nada sino de limpiar la responsabilidad del Presidente de FIFA, hubo interés de entregar documentación o acceso a informes que revelaran el estado real de las cosas en la entidad. Anecdóticamente cabe recordar que fueron las investigaciones del periodista escocés quien alertó a las autoridades sobre los oscuros procedimientos de la entidad. Fue él quien recibió clandestinamente documentos confidenciales de la entidad. Pero la disposición de la entidad a abrir sus puertas para evidenciar su transparencia, nunca se dio.








