El Ministro de Agricultura en Colombia Juan Camilo Restrepo, acaba de declarar que recursos por cerca de Dos mil millones de pesos que ese despacho invertiría en gastos de relaciones públicas y publicidad, han sido congelados. El Presidente de los Estados Unidos Barack Obama, acaba de cuestionar públicamente a la BP por gastar un millón de dólares en publicidad cada semana desde el momento en que se produjo el desastre del Golfo de México. La prestigiosa firma de investigación Gallup indagó por la imagen que se tiene de una serie de sectores de la industria en Estados Unidos: el resultado, un 36% de percepción negativa sobre el sector de la Publicidad y las relaciones públicas, con un neto positivo de -3.
Los dos funcionarios hicieron una sustentación bastante crítica de sus argumentos: “Lo que no quiero oír, cuando están gastando esa cantidad de dinero de sus accionistas en anuncios de televisión, es que racanean a los pescadores y a las pequeñas empresas del Golfo que están atravesando un momento difícil", manifestó el Presidente Obama. “Los programas del gobierno deben venderse por sí solos”, fue el argumento del Ministro Restrepo al congelar los recursos de este rubro en su despacho.
¿Qué consecuencias generan estos comentarios? El diario El Heraldo de Barranquilla (Colombia) que denunció el hecho, sostuvo que “Es extraño que Finagro se haya gastado tanto dinero para tratar de explicar públicamente el despilfarro de Agro Ingreso Seguro, que terminó siendo un programa social para el estrato seis de la agricultura colombiana. Paradójicamente, se intentó cubrir un derroche con otro derroche”. El periodista Julio Sánchez Cristo, uno de los gestores de opinión más fuertes del país, dijo a través de su noticiero radial La W, que era absurda la feria de contratos de Agro Ingreso Seguro, para tratar de lavar la imagen de este desprestigiado proceso.
Podría pensarse que se está ante dos situaciones diferentes. Y de hecho lo son. BP es una empresa privada, cuyos dueños son aparentemente autónomos para tomar las decisiones que quieran sobre la empresa. Y no deberían inquietarse si destinan un millón de dólares semanales a gastos publicitarios y de relaciones públicas. El Ministerio de agricultura por su parte sí es una entidad oficial, financiada con los dineros de los contribuyentes colombianos.
Pero la realidad dice que en ambos casos, la presión creciente de la opinión pública, de los líderes de opinión, de los grupos de interés de cada organización, ha sido la que ha llevado a esas dos organizaciones a tomar decisiones que orientadas a restringir el gasto publicitario. Al apreciar los nombres de las empresas que se habían contratado con los recursos del Ministerio de Agricultura, se encuentra que hay no solo agencias orientadas a actividades publicitarias, sino también compañías que trabajan en procesos de monitoreo de medios, producción de piezas de comunicación, diseño de estrategias comunicativas, entre otros aspectos. En el caso de BP, fueron en su mayoría inversiones publicitarias en grandes medios de comunicación de Estados Unidos, Inglaterra y México.
¿A dónde lleva entonces esta situación? A que entendamos que esta profesión, disciplina o arte, tiene todavía un pesado lastre que debe descargar. El lastre de quienes piensan que aquí solo hacemos propaganda, el lastre de quienes piensan que el Estado (con mucha razón en algunos casos) no debería invertir recursos de los ciudadanos en publicidad, el lastre de quienes no distinguen entre publicidad y comunicación corporativa, el lastre de quienes siendo profesionales de la comunicación contribuyen con sus acciones a desprestigiar el sector.
Cada vez habrá que hacer mayores esfuerzos para justificar cada gasto: en las empresas privadas los accionistas y empleados harán más exigencias sobre el tema; en las organizaciones del Estado serán los contribuyentes y algunos medios de comunicación los que asuman posiciones críticas cuando este gasto se desborde.








