Para quienes deben relacionarse diariamente con periodistas de múltiples medios de comunicación, y a pesar de ello conviven en sus empresas con directivos que poco o nada les gusta tener ese tipo de visibilidad, llega un libro que les facilita esa relación: La comunicación como hábito (Manual del vocero), publicado por la Universidad Piloto de Colombia y cuyo autor es el periodista y consultor colombiano Juan Carlos Santacruz.
El libro se distingue por tener dos grandes bloques: el primero de ellos se concentra en la manera como se prepara la compañía para atender a los medios, designando sus voceros, teniendo claridad de las características y perfiles de ellos, entendiendo cómo manejar las preguntas que se les formulen, incluso las difíciles y capciosas. El autor plantea que un buen vocero debe ser creíble, competente, compatible, preocupado y dinámico, y así mismo ofrece una lista de reglas que todo directivo o empresario debería tener a la mano cuando tiene la exigente tarea de dar declaraciones a los medios en representación de una organización: cómo generar confianza y credibilidad, cómo se prepara el vocero, cómo se prepara una intervención, en qué momento debe atender la entrevista, la importancia de la claridad, lo que debe y no debe decir, lo que puede decir por fuera de la entrevista, el manejo de exclusividades, el control del estrés, la proyección de optimismo y positivismo, la disposición a entregar más información.
Así mismo explica y ofrece consejos sencillos para asegurar el buen ambiente de las relaciones con los periodistas: no subestime la seriedad de un problema, no finja que desconoce información conocida, cumpla el horario establecido para las declaraciones, utilice un lenguaje apropiado, no se defienda, sea cordial pero no lisonjero, y aprenda a dar las gracias.
La segunda parte es un complemento esencial pues se concentra en explicar la importancia del lenguaje corporal y la comunicación no verbal en el papel del vocero, pero que también tiene la intencionalidad de ayudar a ese directivo a facilitar el impacto comunicativo de su discurso en cualquier escenario diferente (reuniones, charlas, conferencias, encuentros con los empleados, etc.). Temas como el control del espacio personal, la importancia de la mirada, de la boca, de las manos, la voz, la hidratación, los aromas, los gestos, son analizados por el autor para ayudar a encaminarse por la ruta de las declaraciones efectivas e impactantes, advirtiendo como lo hace el autor que nunca su intención es convertir al directivo en una marioneta o en una figura que no refleje lo que él realmente ES.
En la tercera parte del libro, Santacruz se sale (a mi juicio) de la línea temática que traen los dos capítulos anteriores para abordar el no menos importante tema del protocolo para empresarios.








