¿Es la mentira un recurso de la comunicación estratégica? ¿Hay situaciones en las que es posible y necesario mentir? Guy Durandin es uno de los expertos que a nivel global más ha analizado el papel de la mentira en la comunicación pública. Fue profesor del Instituto Francés de Prensa y de las Ciencias de la Información y de psicología social, y es autor de varios libros sobre el tema, entre ellos LA MENTIRA EN LA PROPAGANDA POLITICA Y EN LA PUBLICIDAD, de la cual extraigo varios apartes para entender muchos de los debates que hoy nos rodean. La guerra, la política y los conflictos laborales parecen terreno para considerar el uso de la mentira de manera claramente estratégica, pero nunca de manera ética. Ello, a pesar de que un estudio realizado por el Instituto de Estudios sobre el niño de la Universidad de Toronto, sostiene que "Mentir es una señal de que han llegado a un nuevo mojón en el desarrollo. Los que tienen un mejor desarrollo cognitivo mienten porque pueden cubrir sus huellas".
Esto se debe a que han desarrollado la capacidad de llevar a cabo un acto de malabarismo complejo que consiste en mantener la verdad en la parte posterior de sus cerebros.
Lo primero que hace Durandin es afirmar que la mentira tiene “como propósito modificar opiniones y conductas del interlocutor, utilizando la manipulación de signos y no de fuerzas”. Agrega que no se necesita ser débil para recurrir a la mentira, pues ésta es también un recurso de quienes tienen fortalezas. “Mentir es dar voluntariamente a un interlocutor una visión de la realidad diferente de la que uno mismo tiene por verdadera”. Es por lo tanto un acto intencional.
Durandin afirma además que se puede mentir a través de: 1. La palabra, cuando se afirma algo de alguien que no corresponde a la realidad. 2. Las imágenes, cuando se recurre a símbolos, gráficos, imágenes, dentro de un contexto con el cual se busca engañar el interlocutor haciendo que piense algo que no corresponde a esa verdad. 3. Con falsos personajes: “Se puede engañar, no solo con ayuda de palabras o de imágenes, sino también mediante la imitación de personajes”. En este caso, el autor diferencia entre ASTUCIA y MENTIRA, siendo la primera una treta siempre que no haya convenciones o normas que obliguen al uso de símbolos o elementos auténticos. En el segundo caso, el engaño alcanza el grado de mentira, pues hay convenciones que delimitan el uso de ciertos símbolos en la campaña y lo restringen.
A continuación, Durandin menciona los objetos de la mentira, es decir, los temas sobre los cuales habitualmente se engaña a la opinión pública:
• Se miente acerca de uno mismo: Las investigaciones de Durandin dan cuenta que en política y comunicación es posible mentir acerca de varios aspectos. En primer lugar, sobre CUÁLES SON LAS INTENCIONES de quien comunica. ¿Cuáles son las intenciones reales de un aspirante presidencial? ¿Hay una agenda oculta? ¿Son transparentes para hablar acerca de las decisiones que van a tomar y que pueden impactar negativamente a un sector de la población? ¿Son totalmente francos cuando dicen sus intenciones con respecto a los impuestos, la guerrilla, las relaciones con Venezuela, las posibilidades de crear empleos? En segundo lugar, los aspirantes pueden mentir acerca de HECHOS Y ACTOS, que a diferencia de los otros, son más perceptibles y más difíciles de ocultar ante el interlocutor. Dentro de esta segunda línea, un candidato puede mentir sobre la DEBILIDAD PROPIA, mostrándose más fuertes de lo que realmente son frente a algunos temas. En la actual campaña electoral en Colombia, el Presidente Alvaro Uribe llevó a todos los candidatos a que se mostraran firmes en su posición frente a la guerrilla. Todos ellos tienen hoy una posición que posiblemente no sería la misma si Uribe no llevase más de un año argumentando que “hay que reelegir la seguridad democrática”.
Los candidatos también se preocupan por ocultar las debilidades frente a ciertos temas: un aspirante es fuerte en temas de orden público y economía pero débil frente a los temas sociales. Otros son fuertes en lo social pero débil en lo jurídico. Lo que es claro es que NADIE aceptará desconocimiento o dominio de algún tema. En esta segunda línea, también se puede mentir acerca de LAS FORTALEZAS PROPIAS. Este es un caso que se ejemplifica con claridad cuando los candidatos conocen los resultados de las encuestas. Nadie va a mostrar flaquezas cuando los resultados en las encuestas les dicen que solo el 3% de los colombianos votarían por ellos. Todo el que pierde una encuesta dice que la verdadera encuesta es el día de elecciones, escondiendo así la triste realidad que los acompaña. También puede mentirse acerca de LAS FALTAS cometidas a lo largo de su trayectoria política. Nadie reconoce los errores de su pasado. Todos tienen una justificación o una explicación. Son pocos los que dirán SÍ, ESO SUCEDIÓ Y FUE UN ERROR.
• Se miente acerca de los adversarios en la contienda política: Hay dos aspectos que serán transformados durante la campaña. Se exagerarán las DEBILIDADES del candidato y las FALTAS cometidas en su carrera profesional. Cuando un candidato afirma del otro que aquél solo sueña y no brinda resultados, hay una distorsión de aquellas cosas que se dan como verdades. Con relación a las FALTAS, es claro que la campaña colombiana se concentra en identificar errores y faltas de quienes son punteros y apuntan a disputar hasta la segunda vuelta las elecciones: Juan Manuel Santos y Antanas Mockus. Del primero se lanzan acusaciones no probadas sobre su relación con temas como los llamados Falsos positivos. Del segundo se ridiculiza todavía su bajada de pantalones y el uso de mimos en su paso por la alcaldía de Bogotá, dando a entender que con mimos no se resolvería el conflicto con la guerrilla de las FARC.








