Acaba de terminar en Dubai una cumbre del IPRA (International Public Relations Association) en donde se hizo una revisión y una nueva propuesta del Código de ética sobre el que deberían avanzar las gestiones de un comunicador. Richard Linning, Presidente del IPRA, sostuvo allí que “a menos que los profesionales de las relaciones públicas aprendan a decir NO, los códigos de ética no tienen sentido”. ¿Cuántas veces se ha enfrentado usted a peticiones de los directivos de una empresa que pueden ir en contravía de estos planteamientos?
El nuevo código propuesto (que tiene 18 artículos y de los cuales destacamos unos cuantos) plantea que en la conducta de los profesionales de las relaciones públicas deberá observarse:
- Respeto por la ley: Y los derechos humanos, sin esguinces y sin aprovechar los vacíos de las normas. Lo hacen algunos equipos de comunicación cuando inundan de vallas y pasacalles políticos las calles de una ciudad; lo hacen comunicadores que tienen como estrategia atacar a sus rivales para defenderse de cuestionamientos fundamentados.
- Transparencia: Ser abierto y transparente en explicitar su nombre, la organización y los intereses que se representan. Son sobre todo las empresas en situaciones de crisis las que despliegan una política de ocultamiento en la que solo se muestran las cosas que favorecen la reputación de la organización. Pero los comunicadores están también para promover la buena reputación de la empresa. Lo que hay que tener en cuenta es si la falta de transparencia es también un ocultamiento de la verdad.
- Precisión: Tomar todas las medidas razonables para garantizar la veracidad y exactitud de la información que proporcione, lo cual también implica que las empresas deben cerciorarse de qué publican los medios acerca de ellas.
- Conflicto: Evitar cualquier conflicto de interés profesional y de dar a conocer este tipo de conflictos a las partes afectadas cuando estas se produzcan. ¿Hay conflicto de intereses cuando un periodista actúa paralelamente como jefe de prensa de algún producto, empresa o político?
- Confidencialidad: Toda la información que maneja un comunicador corporativo es, de entrada, confidencial. En el marco de su trabajo, él conocerá muchos detalles de la manera cómo opera la empresa, sus estrategias, sus fortalezas y debilidades. Mal haría en contarlas a un competidor.
- Veracidad: No divulgar intencionalmente información falsa o engañosa, y tomar las medidas adecuadas para evitar hacerlo accidentalmente y corregir cualquier acto con prontitud y resolución.
- Lealtad: Para quienes prestan sus servicios a través de empresas o individualmente, es un imperativo competir lealmente. Esto significa que no dañará intencionalmente la reputación profesional de otro competidor, incluso si sus prácticas o procedimientos no están alineados con este código de conducta. Tampoco deberán prestar servicios encaminados a ello. Se sabe de muchas estrategias de propaganda negra orientadas a desprestigiar competidores. La más reciente se reveló esta semana: Facebook contrató a Burson Marsteller para sembrar dudas entre la opinión pública alrededor de las políticas de privacidad que maneja Google.
- Lucro: En el marco de sus actividades, un comunicador corporativo (vinculado a una empresa o a través de una agencia de comunicación o RRPP) va a tener acceso a mucha documentación privilegiada. Bases de datos, estrategias, secretos industriales, líneas de acción, pueden hacer parte de este paquete de información. No se venderán estos documentos (por supuesto tampoco se obsequiarán).
- Inducción: El código también plantea que un comunicador no ofrecerá dinero ni otro tipo de dádivas a los periodistas de ningún medio de comunicación. Estas prácticas se asumen para lograr que se publique una información positiva, o en ocasiones para evitar que se divulgue alguna información negativa. Estos pagos pueden estar disfrazados de pauta publicitaria.
Son estos algunos de los retos para el comunicador. Cada uno de nuestros lectores hará su propia reflexión sobre este tema.








