Lo publicó el portal La Silla Vacía en Colombia esta semana (noviembre 2010): “Las asociaciones de periodistas del país están en alerta por una investigación que la Alcaldía de Medellín inició contra el periodista Edwin Echeverri quien era comunicador del Sistema Municipal de Prevención de Desastres e hizo un comentario en su página de Facebook. El periodista dijo: "Creen que se justifica gastar 2.000 millones de pesos en 40 minutos de juegos pirotécnicos este lunes 19 de julio, en un acto que no está asociado a ningún acto de conmemoración? Con este dinero se puede construir una estación de bomberos de San Antonio de Prado y sobra dinero para adquirir dos vehículos de emergencia. Hagan ustedes sus cuentas y miren qué otras cosas son más urgentes para la ciudad que esto". Este comentario le ha costado a Echeverri no sólo el traslado de cargo sino que muchos de sus trabajos ya no se publiquen y además una investigación disciplinaria interna por calumnia, uso de información privilegiada y participación en política”.
No es la primera vez, ni será la última, que las organizaciones públicas o privadas toman decisiones frente a empleados que utilizan las redes sociales para expresar opiniones que no siempre están alineadas con el pensamiento de sus directivos. Lo sucedido debe llevar a la reflexión inevitable: tratándose de herramientas que NO son corporativas, en tanto el Facebook o el Twitter no son plataformas desarrolladas por las organizaciones, ¿Por qué censurar su uso? ¿Es este un acto de censura? ¿Están preparadas las organizaciones para que el creciente uso de las redes sociales impacte también en una mayor posibilidad de divulgar opiniones adversas a la empresa? Por ahora la respuesta parece ser que no. Y ello me lleva a referirme a un estudio recientemente publicado por MANPOWER (Redes sociales y empresa: Cómo aprovechar el poder de los social media), en el que en primera instancia se hace referencia a las principales preocupaciones que tienen las empresas sobre las redes sociales y que aquí recogemos:
- “Pérdida de productividad: Si bien un estudio reciente calcula que la participación en redes sociales cuesta a las empresas del Reino Unido unos 1.380 millones de libras cada año en pérdida de productividad, no queda clara la gravedad o la extensión real del problema. Un estudio de Manpower Professional realizado a casi 34.400 empresas de todo el mundo descubrió que sólo el 20% de las empresas encuestadas cuenta con una política formal sobre el uso de redes sociales, y de ellas, el 63% afirma que su política es eficaz para evitar la pérdida de productividad. Igual que con la navegación por Internet, lo que una empresa puede hacer para restringir por la fuerza el uso de Facebook o Xing, es poco. Aunque se corte el acceso por completo, los empleados pueden seguir usando sus iPhones y BlackBerries para conectarse a esas redes…”
- “Reputación. En 2008, Virgin Atlantic despidió a 13 auxiliares de vuelo que habían colgado abiertamente sus opiniones sobre la empresa en una página de Facebook. Ese tipo de incidentes son cada vez más habituales. Sin embargo, el estudio de Manpower Professional muestra que solo el 4% de los empresarios mundiales afirma que su reputación ha quedado dañada en algún momento por el hecho de que sus empleados usaran redes sociales. A pesar de algún incidente ocasional destacado, los posibles daños a la reputación de una empresa pueden ser más leves de lo que muchos creen”.
- “Seguridad. Uno de los peligros constantes que entraña el uso de redes sociales tiene que ver con el riesgo de intromisiones externas en las redes informáticas de la empresa. Este tipo de ataques puede significar la pérdida de datos confidenciales, así como trastornos en el servicio informático. Pero no se sabe con claridad con qué frecuencia el uso de las redes sociales ha permitido esos ataques y cuál es el daño real que han provocado”.
- Al parecer, en el caso mencionado aquí, que es el comentario de un periodista de una entidad oficial sobre un proyecto de la misma entidad, el impacto más grave no ha sido el cuestionamiento mismo del hoy ex funcionario, que no pasa de ser una opinión más. El caso ha tenido visibilidad no por la opinión, sino por la reacción de la entidad al incidente (la investigación interna contra el empleado).








