Una de las cosas que un candidato presidencial debe hacer en los dos o tres meses de campaña extrema que preceden al día de elecciones, es saber crear condiciones o HITOS para que los medios hablen más de él que de los demás aspirantes. Eso ha sucedido con Antanas Mockus.
Más allá de los registros que habitualmente se hacen sobre un candidato en los medios masivos de comunicación, aquél tiene que tener la habilidad y el escenario para generar una serie de hechos que se conviertan en sucesos que lo diferencien de los demás aspirantes. Más allá de su agenda habitual, del pronunciamiento sobre temas de coyuntura, de las noticias sobre la mecánica electoral que lo involucran, con Antanas Mockus pasaron cinco cosas que los demás aspirantes presidenciales no tuvieron. Esa fue su ventaja ante los medios de comunicación:
1. Su victoria en las elecciones de marzo: Nadie presagiaba que la fuerza electoral de la tripleta Mockus – Peñalosa – Garzón fuera a tener un protagonismo alto en las elecciones de marzo. Ese protagonismo se dio por dos lados: en la consulta interna y en las elecciones parlamentarias. Un millón ochocientos mil votos fue considerado un volumen importante de votos considerando en contexto en el que se generaron: sin maquinaria. Muchos medios cayeron en la tentación de mostrar ese resultado como una victoria y eso le dio a Mockus y su equipo un aire ganador que no tenían antes de esa jornada. Para nadie fue sorpresa la victoria de La U que mantuvo su fortaleza electoral y su representación en el Congreso; y aunque sorprendió la victoria del llamado PIN, todos los grandes medios coincidieron en cuestionar las sospechosas prácticas de sus dirigentes. Desde el punto de vista mediático, Mockus fue el ganador de esa jornada electoral.
2. La adhesión de Fajardo: Ningún otro candidato ha recibido, hasta ahora, la adhesión de otro aspirante a la Presidencia. Mockus lo logró, obteniéndola de alguien que como Sergio Fajardo, a pesar de la debacle electoral, seguía conservando una reputación que lo acercaba más ideológicamente a las posturas de Mockus. La adhesión se dio y fue ampliamente ambientada. Se divulgaron y debatieron tanto la carta de invitación de Mockus como la respuesta de Fajardo; se divulgó y debatió toda una semana el impacto de esa adhesión. Mockus tenía en sus filas al único candidato a vicepresidente con igual o mayor visibilidad mediática que la de, incluso, otros aspirantes a la Presidencia. Los demás aspirantes a vicepresidentes (Mejía en el caso de Sanín; Garzón en el caso de Santos; Gaviria en el caso de Pardo) venían de varios meses (o incluso años) de silencio mediático.
3. La enfermedad de Parkinson: Un hecho completamente diferente al de cualquier contienda electoral, lo generó el candidato Mockus cuando divulgó públicamente la presencia incipiente de la llamada enfermedad de Parkinson en él. Ningún otro candidato ha presentado una dificultad de esta naturaleza, o al menos la ha reconocido públicamente. Mockus lo hizo y se le reconoció su transparencia, a riesgo de que se le cuestionaran sus limitaciones para el ejercicio presidencial.
4. El crecimiento en las encuestas: Confianza genera confianza. La intención de voto por Mockus ha crecido de manera importante en los últimos dos meses. Ningún otro candidato ha tenido una curva ascendente permanente. Ni siquiera Santos. Más que la misma intención de voto, lo que ha crecido de manera importante es la confianza de muchos ciudadanos en la posibilidad de que Mockus sea elegido Presidente. Esa confianza en su triunfo es la que ha determinado el crecimiento sostenido en las encuestas que se han hecho a lo largo de este año.
5. Los ataques del Presidente: Mockus ha sido el único de los candidatos que en los últimos dos meses ha sido atacado directamente por el Presidente. Es cierto que ha elogiado a Santos, a Felipe Arias; es cierto que ha sido indiferente con Noemí; es cierto que Petro ha sido objeto antes de roces con el mandatario. Pero, en la actual coyuntura, atacar a alguien como Mockus para intentar desprestigiarlo, solo puede generar solidaridad alrededor del candidato. Uribe, fiel a su estilo y tradición, involucrándose como siempre en los procesos electorales, utilizó la estrategia de comunicación más simple pero en la que más cree: desprestigiar a su oponente. Estas acciones de Uribe, le dieron nuevamente amplio despliegue mediático al candidato, con el agravante de que el cuestionamiento dejó en ridículo al jefe del Estado cuando salieron a relucir otras viejas grabaciones en las que éste condecoraba a Mockus por las mismas razones por las que ahora lo fustigaba.








