La primera de ellas muestra a una organización pública interesada en desarrollar un proceso de transformación cultural. Abre una licitación y enfatiza, desde el primer momento, en la necesidad de diseñar un sistema de monitoreo y evaluación de las acciones comunicativas desarrolladas, el cual debe garantizar, mediante índicadores definidos cuidadosamente, la generación de los datos necesarios para tomar los correctivos que sean necesarios en la ejecución de la estrategia.
La segunda experiencia muestra cómo, contrario a experiencias pasadas, el diseño de un plan de comunicación ya no puede ser pensado sin un proceso de medición previo. Al igual que la primera experiencia mencionada, en este caso la empresa consideró que la inversión que iba a realizar en la ejecución de un plan orientado a posicionar uno de sus programas estratégicos en Colombia, no podía ser desarrollada sin contar con indicadores e índices de línea base que le brindaran una fotografía del estado actual del tema entre sus públicos objetivo.
La tercera experiencia muestra a otra empresa privada que consideró que desde el año 2008 la medición de la comunicación interna (inicialmente) debía ser una constante de sus procesos administrativos, lo cual debía llevarla a diseñar un sistema de monitoreo y medición, del cual hiciera parte a su vez un sistema de indicadores de gestión comunicacional.
En estos tres casos se refleja una creciente tendencia que muestra la cada vez mayor importancia de la medición, algo que también plantea Mariana Barresi, una acuciosa investigadora argentina de la cual publicamos una entrevista en este newsletter. El 2008 podría convertirse en el año en el que germine la semilla de la medición de la comunicación en las organizaciones latinoamericanas.








