La responsabilidad social de una empresa termina en donde se empiezan a afectar los intereses de los accionistas. Sobredimensionarla y pensar que va más allá de eso, es un error.
“No todo el mundo, empero, está convencido de las virtudes que se atribuyen a la responsabilidad social corporativa… Milton Friedman, ganador del premio Nobel y uno de los economistas de mayor prestigio en el mundo entero, cree que este nuevo moralismo que invade los negocios es inmoral en última instancia”.
La frase está recogida en un LA CORPORACIÓN, libro de reciente publicación escrito por Joel Bakan y editado en Colombia por el Círculo de Lectores. En uno de sus apartes, el autor entrevista al Nobel de economía (p. 47): “(Friedman) retrocede y discrepa ante la idea de que las coporaciones deberían procurar hacer el bien a la sociedad. Una corporación es propiedad de sus accionistas”, me comentó. Sus intereses con los intereses de sus accionistas…. No hay más que una responsabilidad social para los ejecutivos de las empresas, en opinión de Friedman: tienen la obligación de ganar todo el dinero posible para enriquecer a sus accionistas. Y eso es un imperativo moral. Aquellos ejecutivos que asumen los objetivos sociales y medioambientales anteponiéndolos a la rentabilidad –los que intentan actuar moralmente- son, en sentido estricto, amorales”.
Un empresario bogotano al que consulté para conocer su opinión sobre el alcance de la RSE en Colombia, trató de discrepar inicialmente de la idea de Friedman: “Es absurdo tomar ese planteamiento sin una revisión a fondo del mismo. Claro que es apenas lógico que las empresas actúen hasta donde pueden hacerlo. No pueden volverse insostenibles para hacer sostenible su entorno. Además, tampoco pueden reemplazar el deber del Estado, que es quien finalmente debe liderar la solución de los problemas existentes”.
Pero el planteamiento del Nobel, está reforzado en el libro por otro ideólogo: Noma Chomsky. El plantea (p. 48) que “las corporaciones sólo deben preocuparse por sus accionistas, y no por la comunidad no por los trabajadores ni por cualquier otra cosa”. En últimas, la conclusión a la que el libro apunta es a que la responsabilidad social de una empresa llega hasta donde lo permitan los intereses de los accionistas.
La CVC, entidad ambiental del Estado que opera en el departamento del Valle del Cauca, construyó en la década de los 70 uno de los proyectos de regulación hídrica más importantes de la región: el embalse de la Salvajina. Esta obra ayudó a generar energía, a controlar el caudal del río Cauca en épocas de invierno y sequía, y a mitigar los impactos de la contaminación en el tramo del río que va entre Cali y Mediacanoa. La obra la hizo en una época en que tenía dos responsabilidades: generar desarrollo, y cuidar el medio ambiente. Salvajina tiene los dos propósitos, pero fueron desarrollados a costa del progreso de los habitantes de una comunidad pobre como el municipio de Suárez (en el vecino departamento del Cauca). Esta localidad (que volvió esta semana a las noticias por la muerte en una explotación minera de más de 20 personas) ni siquiera cuenta con un buen servicio de energía. Todavía hoy sus habitantes reclaman que la CVC les compró sus tierras para construir el embalse, pero no asumió a cabalidad el compromiso de ayudar al desarrollo social de la zona, que sigue teniendo indicadores de pobreza muy altos.
Como este, son muchos los casos en los que los intereses de una empresa (y de sus accionistas) van en contravía de los intereses de una comunidad. El libro menciona varios que pueden retomarse: “En consecuencia (p. 58), la responsabilidad social resulta inapropiada cuando podría erosionar el rendimiento de la empresa. Es por ello que BP debe perforar en la llanura costera (de Alaska) si eso es lo que más la beneficia, esto es, si es lo más rentable para la empresa, bajo una óptica de largo plazo y teniendo lo más rentable para la empresa, bajo una óptica de largo plazo y teniendo en cuenta todos los factores. La inquietud por la destrucción de la manada de caribúes, el medio ambiente del Ártico, y el peligro que supone para toda una población aborigen están fuera de lugar… Los costes para la compañía, en caso de no perforar, podrían ser enormes. Los beneficios –la buena voluntad de los clientes o la publicidad positiva- serían relativamente pequeños en comparación. De modo que si se permite la perforación en la llanura costera, BP, con total seguridad, estará allí, perforando, siempre y cuando hacerlo le reporte beneficios económicos”.
Las organizaciones que hace una década vieron una oportunidad en la creación de las empresas prestadoras de servicios de salud, lo hicieron en su momento por la presunción de que allí existía una oportunidad de mejorar los ingresos de los accionistas. No como un acto de responsabilidad social en el cual los dueños de unas corporaciones pensaran que estaban asumiendo un compromiso con la salud de los colombianos. Mucho se ha hablado en el último año sobre la situación de la salud en Colombia, y de la manera como cada vez es más frecuente que determinadas servicios de salud sólo puedan beneficiar al ciudadano después de un tedioso proceso que incluye, en muchos casos, la presentación de una tutela a la EPS respectiva. Antes que pensar en cómo facilitar el acceso a la salud, muchas EPS piensan primero en las restricciones, porque ellas son las que garantizan la sostenibilidad del negocio y las utilidades para los accionistas.
Esta reflexión, que puede motivar muchas discusiones sociológicas y políticas, debe llevarnos también a pensar en el papel que la comunicación y las relaciones públicas cumplen en muchos de estos casos: posicionar una organización como socialmente responsable porque desarrolla dos o tres acciones para beneficiar una comunidad, sobre la base de disfrazar los impactos negativos (o mantenerlos ocultos) no resulta tampoco ético para el comportamiento de un Dircom.
Quedan sobre el tapete algunas ideas. Sería interesante examinar cómo la gestión de la responsabilidad social en Colombia está evolucionando, pero no sólo desde las responsabilidades terciarias, sino, lo que es más importante, desde las responsabilidades primarias y secundarias.








