A medida que pasan los días y se aclara el panorama, salen a la luz nuevos planteamientos que dan cuenta de los desaciertos que se cometieron a nivel global y nacional para asumir, desde la comunicación, la crisis generada por la posibilidad de una pandemia como consecuencia de la gripa AH1 N1.
Ya habíamos mencionado hace unos días que el primer gran desacierto fue haber llamado gripa porcina a una enfermedad cuya transmisión no se relacionaba para nada con los cerdos. Y el segundo desacierto fue haber cambiado el nombre de la gripa una semana después de que el mundo se puso en alerta, utilizando un nombre técnico que se quedó en el lenguaje de los especialistas y los periodistas pero que no trascendió a la cotidianeidad de los habitantes de este planeta.
Pues bien, en la última semana diferentes expertos han hecho reflexiones que dejan entrever que este escándalo pudo haberse manejado de forma diferente:
1. Germán Velásquez, directivo de la OMS, en declaraciones a la revista Semana aceptó que en lo sucedido ha habido más un escándalo mediático que real. Para ello, retomó lo dicho por un farmacólogo que sostuvo que “la epidemia iba a durar el tiempo que los medios de comunicación se interesaran en ella”. Sólo basta con mirar los diarios de la última semana en cualquier parte del mundo para ver que las noticias relacionadas con el virus ya dejaron la primera página de todos los informativos.
2. La Gerente Nacional de la Asociación Colombiana de Porcicultores, Consuelo Velasco, también sacó a relucir los errores cometidos por el gobierno nacional para enfrentar comunicativamente la crisis. En declaraciones concedidas al diario El País, de la ciudad de Cali (Colombia) cuestionó en primer lugar el alarmismo del Ministro de Protección Social: “A la gente había que alertarla e informarla pero no había que angustiarla. Y yo sí creo que el Ministro Palacio pecó por alarmismo. Todas las noticias, todos los días, solo hablaban de casos de gente contagiada, pero nadie enfatizaba que la gran mayoría de gente no estaba muriendo. Y a la porcicultura del mundo se le causó un daño terrible”. Aun cuando la vocera gremial puede tener razón en el alarmismo, nadie puede predecir qué hubiera pasado si se hubiese actuado de manera diferente.
3. La misma vocera cuestionó la confusión originada por las fuentes oficiales frente al manejo de la enfermedad: “La verdad es que a esto le faltó unidad de criterio en el Estado. Nosotros tuvimos boletines enviados por secretarios de salud en Risaralda, Nariño, en la Costa, que decían que no se podía consumir carne de cerdo. ¿Cómo es posible que un secretario de salud diga eso cuando el Ministro está diciendo otra cosa?”. Este hecho no evidenció cosa distinta de la dificultad de articular, en una emergencia nacional, a todos los organismos del Estado alrededor de un solo discurso. Servirá de experiencia para corregir debilidades en la unificación de criterios y esfuerzos y más aún, de discursos.
4. Finalmente ratificó el cuestionamiento a los medios masivos: Los medios “también pecaron. No fueron responsables en este proceso. En el mundo hay enfermedades más letales y graves, a las que no se les ha dado tratamiento informativo como este”. De hecho, el mismo directivo de la OMS mencionado atrás, reflexionó sobre este mismo aspecto pidiendo que “ojalá el mundo se moviera con tanta rapidez y eficacia frente a problemas como el sida, el paludismo o el dengue… que matan muchísimas más personas”. En muchos medios se convirtió en todo un reto descubrir y entrevistar a los sospechosos de contraer la enfermedad, y era todo un trofeo entrevistar a un enfermo. Afortunadamente no lo lograron.
La conclusión, si lo miramos desde el lenguaje administrativo, es que se logró un alto nivel de eficiencia con un mínimo nivel de eficacia. El reto era prevenir la propagación de la enfermedad, lo cual hasta cierto punto parece haberse cumplido. Pero muchos costos se debieron pagar para ello: generar la fobia al consumo de carne de cerdo, revivir la xenofobia frente a los mexicanos, concentrar los esfuerzos en una enfermedad que a juicio de los expertos, no parece tener el impacto que hoy tienen el sida y la malaria (nunca los gobiernos han puesto los medicamentos para el VIH al acceso gratuito de los enfermos), discriminar a los enfermos (en la semana crítica, todos miraban con reserva a cualquier persona que estornudara o tosiera). Aún no se sabe el impacto socioeconómico de este mes en el que el mundo padeció la gripa AH1 N1. Reitero que deberán pasar muchos meses antes de poder sacar un balance definitivo sobre si lo que se hizo fue o no acertado y si el costo que se pagó por ello valió la pena.








