Aunque no depende únicamente de ello, es conveniente tener en cuenta este planteamiento para desmontar un paradigma construido en muchas organizaciones (cada vez menos): lo conveniente y necesario es que los empleados sean lo que escuchen lo que la empresa tiene que decir. Afortunadamente una reciente investigación del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard, bajo el título “Disclosing information about the self is intrinsically rewarding” (Revelar información sobre sí mismo es gratificante) liderada por los profesores Diana Tamir y Jason Mitchel, deja en claro el valor que tiene hablar de sí mismo. Lo que en últimas, debería llevar a las áreas de comunicación interna de las empresas a pensar en qué tantos espacios se han creado para que los empleados hablen de ellos. ¿Ya lo ha hecho?
El estudio (que en realidad se basó en cinco pruebas) parte de un dato estadístico: entre el 30 y el 40% de lo que dicen las personas está dedicado exclusivamente a informar a los demás sobre sus propias experiencias. Adicionalmente recogen estudios hechos sobre redes sociales en Internet, en donde encuentran que en un 80% de los casos esas interacciones están dirigidas a hablar de quien actúa como emisor coyuntural.
Ese acto de auto – revelación está fuertemente asociado a una mayor activación en regiones del cerebro que desembocan en una mayor gratificación. No pretendo entrar aquí a detallar aspectos científicos de la investigación ni de la metodología utilizada, pero resulta curioso encontrar en sus resultados que las personas renunciarían al dinero antes que a hablar de sí mismos.
Hablar de sí mismos no debe entenderse exclusivamente como hablar de quién es, de cuál es su historia y su personalidad particular. Es hablar también de aquello que le interesa, de aquello que piensa, espera, desea, necesita o sueña. Y aunque el estudio no ha sido pensado específicamente para el ámbito corporativo, todo sugiere que hay en él un claro mensaje para los gerentes de empresas, y líderes de gestión humana, y por supuesto, para los directores de comunicación y/o relaciones públicas.
Cuando se diseñan estrategias de comunicación en una empresa, ellas casi siempre están pensadas en un alto porcentaje para definir qué y cómo va a hablar la empresa. Pero poco esfuerzo se dedica a determinar qué se va a hacer para escuchar más a los empleados y demás grupos de interés. Bueno: aquí ya hay una investigación científica que, hurgando en el cerebro, nos recomienda que escuchemos más.








