Una toxina es un veneno o sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales. ¿Es posible intoxicar a una empresa? ¿Es posible que el veneno necesario para esa intoxicación esté siendo dispersado por la comunicación interna, y específicamente por la comunicación interpersonal? ¿Es tóxica esa parte de la comunicación de su empresa y usted aún no lo ha percibido o detectado? Recojo, adopto y adapto algunas ideas desarrolladas por Iñaki Piñuel en su muy interesante libro NEOMANAGEMENT, para que los comunicadores reflexionen sobre uno de los muchos elementos que determina la calidad de la comunicación en su organización. Inicialmente ofrezco dos características relacionadas con la gestión comunicativa con enfoque tóxico.
- Conceptos distorsionados: La comunicación tóxica ha contribuido a distorsionar una serie de conceptos que son permanentemente difundidos por los nuevos modelos gerenciales o administrativos. Se habla de compromiso, pero éste se entiende en esas compañías como renunciar a la capacidad de pensar críticamente. Se habla de disposición, pero ello significa renunciar al descanso, a la familia o al ocio sin obtener nada a cambio. Se habla de compañerismo, pero ello existe sólo si el empleado participa de las reuniones para tomar licor o almorzar juntos. Se habla de identidad, pero ello significa que el empleado renuncia a criticar constructivamente a sus jefes.
- Se persigue la comunicación que avanza en otra dirección: Las organizaciones tóxicas persiguen a quienes hacen preguntas incómodas, denuncian situaciones indignas o injustas, disienten de la opinión oficial, tratan de comprar el silencio de sus críticos, cuestionan el uso que se da a los dineros de la empresa (así se trate de una empresa privada), defienden a otros perseguidos, dicen las cosas sin tapujos y sin protocolos corporativos, y no son políticamente correctos.
Pero sin duda, uno de los aportes más importantes de Piñuel es el desarrollo de un test que permite establecer si los directivos o jefes de una organización son tóxicos. Este test, denominado CISNEROS M4, permite inferir cuáles son las características comunicativas de un jefe tóxico. He aquí algunas de ellas:
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- No tiene disposición al diálogo con el colaborador
- Lo ignora en sus intervenciones o charlas
- Evalúa públicamente su desempeño negativo
- Ignora referirse a sus logros
- Obstaculiza a sus demás compañeros para que hablen con ese colaborador
- Sin importar lo que haga, no le da valor al trabajo que realiza
- Lo acusa siempre de las fallas del área o del equipo
- Recibe críticas o reproches por las decisiones que toma
- Amplifica o dramatiza los errores que aquél comete
- Lo humilla o desprecia en público
- Utiliza la palabra para que el colaborador se sienta presionado frente a los resultados que debe obtener
- Exige resultados
- Amenaza al colaborador con acciones legales como suspender el contrato, investigarlo, despedirlo, trasladarlo
- Manipula las declaraciones del colaborador para distorsionar lo que aquél dice
- Convierte al colaborador en objeto de burlas
- Lo calumnia a sus espaldas
- Eleva el tono de voz de forma intimidatoria
- Incita a otros a que estén en contra de ese colaborador
- Inventa y difunde rumores sobre dicho colaborador
En estos tiempos puede resultar altamente sorprendente pensar que existan directivos con este perfil. Pero existen. Los he visto actuar. He escuchado a sus empleados describirlos con estos comportamientos. No sabría si son pocos o muchos. Esperemos que sean más bien pocos. Pero hay aquí un reto para los comunicadores en las organizaciones: contribuir a desintoxicar la comunicación interpersonal.








