Esta semana el periódico más importante de Colombia, El Tiempo, ha tomado una decisión que no ha dejado buenas señales en el mundo de la comunicación: transformó la revista Cambio, que pasará de ser una publicación semanal a convertirse en un magazín mensual. Más allá de las razones de la decisión, lo que quedó claro es que los empleados y periodistas de la revista Cambio convivieron en los últimos meses con una serie de rumores que nunca los prepararon para la intempestiva decisión que se tomó.
El periódico publicó en su edición del 4 de febrero esta explicación: “En el caso de Cambio, el declive mundial de las revistas de actualidad y política derivado de un cambio en los hábitos de los lectores y, como consecuencia de ello, el viraje en las decisiones de inversión de los anunciantes de este tipo de revistas, se ha producido ese ajuste. Consciente de esas nuevas circunstancias, el nuevo modelo de la revista estará centrado en temas cercanos a sus lectores, tales como viajes, salud, deporte, medio ambiente y noticias nacionales e internacionales tratadas a manera de análisis de especialistas”.
No obstante, una de sus más importantes periodistas, María Elvira Samper, hizo declaraciones al noticiero de La W, con afirmaciones que dejaron en claro el poco interés que hubo entre los dueños de la empresa por ser transparentes. “La noticia llegó como un baldado de agua fría, nos cogió a todos fuera de base”. Cuando el periodista la inquirió para saber si ella o sus demás colegas del medio conocían algo, ella fue contundente: “Nos llegaban mails, abordajes en las reuniones, habían muchos chismes y especulaciones, pero de las directivas de El Tiempo ninguna noticia en ese sentido. El ambiente no estaba claro, pero es que nos cogieron (no se entiende) la revista, casi no la podemos cerrar”. Aquí es importante precisar que la revista sale a circulación en Colombia el día jueves. La noticia se les informó el día miércoles.
Es más, tanto ella como el director plantearon que el año anterior el medio había dado utilidades y por esa razón no se entendió la decisión tomada. El problema, más allá de cuáles fueron las verdaderas razones para replantear la revista (algunos presumen que las investigaciones adelantadas por la revista y haber investigado escándalos como el de Agro Ingreso Seguro hacen parte de las causas), el asunto que nos compete es la indiferencia con la cual trataron a los empleados.
Las declaraciones de María Elvira Samper dejan claro lo que pasó. En primera instancia, se presentó una lluvia previa de rumores sin que en ningún momento las directivas de El Tiempo se llegaran a pronunciar. No he encontrado un solo estudio sobre el manejo del rumor que no aconseje que, cuando hay rumores que están afectando el clima laboral de una organización, lo primero que debe hacerse es enfrentarlo: aclarándolo, negándolo o aceptándolo. Imagínense ustedes si la presunción de que una empresa va a ser cerrada va a pasar desapercibida entre sus propios empleados.
Esta no es más que una posición dominante que asumen las directivas, con la cual dejan en claro que la tranquilidad de los empleados de sus empresas no es para ellos una preocupación. O como lo dijo Maria Elvira Samper en otra entrevista al diario El Espectador, no fueron informados de la decisión de cierre, por "arrogancia de poder".
En segunda instancia, los cogieron, como se dice popularmente, “a quema ropa”. Sin previo aviso. Y parece que en un momento inoportuno: el cierre de la revista. Es típico también de funcionarios públicos y directivos empresariales comunicar las malas noticias en el último instante, cuando ya no hay posibilidad de hacer preguntas, debates o interrogantes sobre el tema. He visto casos de empleados públicos que son declarados insubsistentes un viernes a las 5 de la tarde. Aquí ni siquiera esperaron a que hubiesen terminado la revista. Imagínense a un periodista del perfil de Rodrigo Pardo, dando una declaración en la que manifiesta que "nunca me imaginé el cierre ni mucho menos mi salida de El Tiempo. Y no fui avisado con anticipación".
En tercera instancia, y eso ya habla de la credibilidad de las directivas de El Tiempo entre sus propios periodistas (o ex periodistas), el argumento central que ellos expresaron para su decisión, no recibió total acogida. Recuérdese que fue una decisión de mercado (bajas ventas, baja circulación, menos anunciantes). Pero María Elvira Samper, que además no es lo que podría llamarse en Colombia la típica “carga ladrillo” (es decir, reporteros más jóvenes que están iniciando su carrera y deben trabajar de sol a sol incluyendo los fines de semana) sino una figura que se codea con las élites del poder político y empresarial, sugirió que podría haber algo más: “Creo que hay muchos más elementos detrás de la decisión… Es tanta la información que nos llega y de buena fuente que tengo elementos para pensar que hay otros ingredientes en la decisión. No tengo cómo probarlos”.
Por su parte, Rodrigo Pardo agregó que para cerrar la revista, "el contenido influyó. Lo que no sé es cuánto. Pienso que coexistían la molestia con la línea editorial y las inquietudes sobre la rentabilidad". Pero ya son varios los columnistas y analistas que consideran que el periódico hubiese podido sostener la revista y lo que pesó más en la decisión fueron las variables políticas. Antonio Caballero, en la revista Semana, miró con ironía lo sucedido: según él, la revista, "además de abandonar los asuntos incómodos como la política, la economía o la guerra", termina énfocándose "en temas cercanos a sus lectores tales como viajes, salud, deporte, medio ambiente"... Sobran los comentarios si alguien piensa que en este paíse de cambios y con un agenda política tan intensa como la de este año, los viajes resultan un tema más cercano a sus lectores que la agenda política y social de este país.
La lección es triste: los esfuerzos que hacen los comunicadores corporativos u organizacionales se van al traste cuando pasan estas situaciones. Por supuesto, si hay circunstancias fuertes como las financieras, nada puede hacerse para modificarlas. Pero sí para controlar la manera como esas decisiones son comunicadas. En este caso, se falló al no aclarar los rumores previos, se falló al informar la decisión el último día, y se falló al no construir un ambiente de credibilidad en torno a la decisión. Mal precedente.








