No caigamos en la tentación de querer medirlo todo de una sola vez
Al lado de la pereza, la GULA también aparece como uno de esos pecados que a veces afectan las posibilidades de hacer una medición adecuada del proceso comunicativo. ¿En qué consiste? En la tentación de querer medirlo todo a través de un solo estudio. No pocas veces aparecen empresas que requieren una medición de todo lo que pueden soñar: indicadores en comunicación interna, cultura, cambio organizacional, alineación estratégica, una plataforma de 10 medios internos, la calidad del servicio ofrecido por el área de comunicación, etc. Es cierto que anhelamos tener datos que nos digan cómo estamos en cada componente de nuestro trabajo. Si nos atenemos al modelo desarrollado por AMEC de métricas básicas, se pensaría que lo ideal soñado es tener indicadores que nos hablen de impacto, de resultados intermedios y de actividades desarrolladas. Eso puede requerir largos meses de investigación que terminarán generando tanta información que al final tendría que hacerse una aplicación gradual de las intervenciones. Lo mejor, y sobre todo si su empresa está dando el primer paso, es ir poco a poco en la medición.








