Hace pocos días tuve la oportunidad de compartir algunas horas con un amigo que trabaja como Director de comunicación de una empresa de servicios del Estado. Transmitía preocupación por el uso que se le estaba dando al Messenger en su empresa. Pensé por un momento que el personal desconocía su existencia o que, por cultura informática, estaban lejos de su manejo y administración.
¡Cuán equivocado estaba¡ La situación era exactamente la opuesta: el personal había adquirido tal pericia en su manejo, que ahora tenía la habilidad para usarlo de la forma que quisiera a la hora que quisiera, sin ninguna dificultad.
Para contextualizar, es bueno precisar que, a nivel popular, existe una herramienta denominada Messenger, utilizada por muchas personas para hablar en tiempo real con otras personas localizadas en diferentes sitios o espacios. Este mecanismo, que funciona anclado a una cuenta de correo electrónico (la más popular es precisamente ésta, propiedad de Hotmail), permite compartir mensajes de forma inmediata.
Pero también existe una evolución del Messenger: el servicio de mensajería instantánea corporativo, que aplican muchas empresas, entre ellas la de mi amigo, pero que sólo permite la comunicación entre las personas que tienen cuenta de correo en dicha organización. Es decir, es exclusivamente para sus empleados.
Aclarada esta idea, me permito contar las reflexiones de mi amigo: en su empresa habían aproximadamente unas 220 personas, de las cuales 120 tenían una cuenta activada de correo electrónico. Este servicio tiene una opción especial que permite al usuario grabar los textos de todas las conversaciones como un archivo que luego puede ser consultado. No entendí qué propósito tenía archivar estos mensajes, pero el hecho es que podía hacerse.
Pues bien, mi amigo relató que accidentalmente, uno de los ejecutivos de la empresa había tenido acceso a una de estas conversaciones. Voy a transcribir textualmente estas conversaciones, haciendo la salvedad de que se han cambiado los nombres de las dos navegantes y que se conservan muchos de los errores de redacción y ortografía originales, aunque otros he intentado corregirlos:
Aura María: Ya llegó tu hermana?
Elena: Desde hace rato mija. Y no le diga hermana que desgracia la mía si resultamos parientes
AM: Es que tengo un problema para que me ayudes. Imagínate que la información que tengo que incluir en ese X$%&? Software que nos dieron está como mal ubicada. Como que no me da
E: Y qué pasa?
AM: pues que no me muestra la información como es pendeja!!!!
E: Y qué pasa?
AM: Boba, necesito que me ayudes a cuadrar esto
E: Y quién se va a dar cuenta
AM: No sé, pero igual se arma el bollo luego.
E: No pasa nada. Para que se desgasta en eso mija si no hay ningún problema. Mira que lo mismo le pasó a Estela la del cuarto, y nadie descubrió nada…
Aquí edito la conversación, porque lo que sigue es información de interés personal de las dos interlocutoras. Pero hay varios registros más de otras fechas:
AM: Llego la policía mija
E: y ya te jodió?
AM: Pues como te parece que me llamó para hablar. Que mamera me dije porque la X%&$ esa no me llama sino para joderme con trabajo.
E. Y qué te dijo?
AM: Pues que estaba hablando mucho por el Messenger¡¡¡ Imagínate voz que ahora pretende controlar hasta lo que hablo
E: Y vos que le dijiste?
AM: Nada. Me quede callada escuchándola y le dije muy calmada que por supuesto que estaba haciendo mi trabajo
E: jodida la vieja
AM: Descarada. Uno hace aquí lo que puede y me parece el colmo que vengan a exigirnos más
En este punto le pregunté a mi amigo lo que pensaba de las dos conversaciones. Era evidente que había un problema de valores gigantesco en las dos interlocutoras pues a la una no le preocupaba hacer mal el trabajo y a la otra no le importaba perder el tiempo. Aura María era funcionaria de mercadeo, mientras que Elena trabajaba en el frente administrativo. Las dos estaban en pisos diferentes de la empresa. La HERMANA, suponía él, era la jefe de Elena, y la POLICIA era la supervisora de Aura María.
Se evidenciaba en primera instancia un vacío en el sentido de pertenencia de las dos empleadas. No les preocupaba la suerte de la empresa. Desconocía él qué tipo de proceso se estaba afectando con la información mal registrada en el software, pero fuese cual fuese, debía generar un impacto en algún nivel de la empresa. Y eso no les estaba importando.
Aquí va otra:
E: Deberias verle los zapatos que usa
AM: Que tienen?
E: Piel de perro mija. No se los viste?
AM: No, si tengo la policía encima
E: Eh, si tu y yo sabemos lo importante que es estar a la moda. Somos mujeres y debemos fijarnos en esas cosas
AM: Pues usted que la tiene al lado.
E: Me tiene mamada. Alfredo me dijo que había un no se qué que ayudaba a que nadie se diera cuenta de que uno estaba conversando por el mesinger
AM: Como asi
E: Pues que si voz estas chateando, ella no se va a dar cuenta, salvo que venga a sentarse en tu puesto¡
AM: Buenisimo, y quien tiene eso?
E: Alfredo me dijo que era alguien de sistemas. No sé quién pero que él me daba el dato
AM: Me contas cuando sepas algo, porque lo que es la policía mija, no demora en dar también el zarpazo y fregarme por el mesinger
Me reí un poco del tema. Ni siquiera yo, trabajando en una empresa de tecnología, conocía estas artimañas, pero me dí cuenta que la sagacidad y creatividad de estas dos empleadas se magnificaba cuando de hacer trampa se trataba.
Y otra más:
E: Viste la nueva?
AM: La gordita caremarrano?
AM: jejeje
E: Tampoco tan caremarrano: Pero mija si se da unas infulas ni las X%$#&
AM: infulas de que
E: Pues se las pica de todo y mi hermana le come cuento
E: imaginate que hoy llegó con pastelito para ella, como que habia estado en una fiesta o algo asi de cumpleaños
AM: lambetas
E: No pienso ni invitarla a la reunion que tenemos mañana
AM: reunión de que que no has dicho?
E: no, cosas de aca de la oficina
AM: mmmm
AM: me parece mal que no la invites
E: es una lambesuelas. Igual no pasa nada si no la invito
AM: Pero entonces la sacás de entrada del llavero
E: Eso es lo que quiero. Esa %&$# viene aca a plantonearnos a todos como si fuera mas inteligente que todas
Este último mensaje evidenciaba lo mucho que podía afectarse el clima laboral en una organización por un mal uso de la tecnología. Claro, la culpa no es de la tecnología sino de las personas, de sus valores, y de los valores de la organización. Pero la mensajería instantánea se estaba convirtiendo en un dinamizador de muchos conflictos que posiblemente no se darían o estallarían sin su ayuda. En tanto el Messenger no implica sacar a las personas de sus puestos de trabajo para conversar en el pasillo o al lado de la cafetera tomándose un tinto, para muchos empleados representa una ventaja: aparentar que se trabaja sin hacerlo.
Me surgió la pregunta: ¿Tienen una idea estas personas del daño que están haciendo a la organización? Lo digo sin entrar a analizar el clima laboral de la organización y la responsabilidad de los directivos en el estado de las cosas, pero lo fundamental es que estaban utilizando una herramienta corporativa para:
- Hablar mal de los compañeros de trabajo
- Propiciar la trampa y el engaño
- Sacrificar la calidad del trabajo
- Sembrar lo que popularmente se conoce como cizaña, es decir, la indisposición de los empleados hacia la organización
- Perder tiempo que una organización intenta que sea utilizado para incrementar la productividad
No juzgo el contexto, que lo desconozco y posiblemente me lo ocultaron intencionalmente para mirar solo un lado de las cosas. Pero también es cierto que nada justifica que un empleado contribuya a deteriorar a la mano que le da de comer. Y mucho menos cuando eso lo está haciendo en una empresa del Estado, que finalmente vive de los impuestos de los ciudadanos.
Me quedé perplejo por lo que me contaron, por lo que escribían este par de señoras y por los impactos posibles no medidos de sus conductas comunicativas. Solamente atiné a pensar que algo que nacía con el propósito de dinamizar el flujo de comunicación interna en una empresa, se había convertido con el paso de los días en el mejor espacio para intentar destruir la organización y su clima laboral, así no se tuviera esa intención.
¡Si todos los empleados estuvieran haciendo lo mismo con la mensajería instantánea sería el caos para las empresas! pero lo único que no deberíamos hacer sería matar al Messenger, y sacarlo de la vida corporativa. Sería un poco como sacar a la calle el sofá donde descubrieron a la mujer siéndole infiel al esposo.








